La escena transcurre en Grafarholt, una localidad islandesa, en los años cuarenta del siglo pasado. Sus protagonistas forman parte de la trama de “La mujer de verde”, novela policial que toma como eje principal la relación entre un hombre y una mujer, signada por diversas formas de violencia -física, emocional, psicológica- ejercidas por el marido sobre su mujer.
“Un silencio de muerte reinaba en la cocina".
De repente, le agarró la cabeza y se la golpeó contra el plato, volvió a levantarla por los pelos y la echó hacia atrás, de tal modo que la silla se volcó y ella cayó al suelo. El hombre apartó los trozos de loza de la mesa y dio una patada a la silla. Ella se sintió mareada después de la caída. Era como si toda la cocina se hubiera puesto en movimiento. Intentó volver a levantarse, aunque sabía por experiencia que lo mejor era quedarse inmóvil, pero la había invadido un absurdo deseo de provocarle.
- Estate quieta, cerda - le gritó él, y cuando se puso de rodillas, se abalanzó sobre ella vociferando-: Así que quieres ponerte de pie?
La agarró del pelo y le estampó la cara contra la pared, y le dio una patada en el muslo, haciéndole perder el apoyo de la pierna; cayó de nuevo al suelo con un alarido. Empezó a manarle sangre de la nariz y los oídos le pitaban tan fuerte que casi no oía sus gritos.
- Intenta levantarte ahora, puta de mierda - bramó el hombre.
Esta vez se quedó quieta, hecha un ovillo con los brazos protegiendo la cabeza a la espera de sus patadas. El hombre levantó una pierna y se la estampó en el costado. El dolor en el pecho le cortó el aliento. Se inclinó hacia ella y le agarró el pelo, levantándole la cabeza para escupirle la cara antes de golpear su cabeza contra el suelo.
- Puta de mierda - bufó el hombre. Luego se incorporó y observó la cocina donde todo estaba en completo desorden después de la agresión. - Mira como lo tienes todo, inútil - le gritó -. Pon todo esto en orden ahora mismo, o te mato !”.
Arnaldur Indridason, 2009: 93-94
De repente, le agarró la cabeza y se la golpeó contra el plato, volvió a levantarla por los pelos y la echó hacia atrás, de tal modo que la silla se volcó y ella cayó al suelo. El hombre apartó los trozos de loza de la mesa y dio una patada a la silla. Ella se sintió mareada después de la caída. Era como si toda la cocina se hubiera puesto en movimiento. Intentó volver a levantarse, aunque sabía por experiencia que lo mejor era quedarse inmóvil, pero la había invadido un absurdo deseo de provocarle.
- Estate quieta, cerda - le gritó él, y cuando se puso de rodillas, se abalanzó sobre ella vociferando-: Así que quieres ponerte de pie?
La agarró del pelo y le estampó la cara contra la pared, y le dio una patada en el muslo, haciéndole perder el apoyo de la pierna; cayó de nuevo al suelo con un alarido. Empezó a manarle sangre de la nariz y los oídos le pitaban tan fuerte que casi no oía sus gritos.
- Intenta levantarte ahora, puta de mierda - bramó el hombre.
Esta vez se quedó quieta, hecha un ovillo con los brazos protegiendo la cabeza a la espera de sus patadas. El hombre levantó una pierna y se la estampó en el costado. El dolor en el pecho le cortó el aliento. Se inclinó hacia ella y le agarró el pelo, levantándole la cabeza para escupirle la cara antes de golpear su cabeza contra el suelo.
- Puta de mierda - bufó el hombre. Luego se incorporó y observó la cocina donde todo estaba en completo desorden después de la agresión. - Mira como lo tienes todo, inútil - le gritó -. Pon todo esto en orden ahora mismo, o te mato !”.
Arnaldur Indridason, 2009: 93-94
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