Una vivencia parecida tuvo Edid (nombre ficticio), de 29 años, estudiante de enfermería, originaria de Guayaquil, Ecuador, aunque educada de pequeña en Barcelona. “Yo no me di cuenta de hasta qué punto había padecido violencias hasta que no escuché a otras mujeres que también las habían vivido”, cuenta hablando rápido y sentada en el salón del apartamento sencillo y luminoso que hasta hace poco compartía con su ex novio, un barcelonés de 36 años.
Después de más de cuatro años de relación, Edid se encontró con que se había quedado totalmente aislada. “Desde el principio él se enfadaba si salía con mis amigas y poco a poco dejé de hacerlo. Luego el control se extendió a todo (el teléfono, cómo iba vestida), empezó a menospreciarme y finalmente llegaron las agresiones físicas”.
Oriol Ginés, psicólogo y vicepresidente de Conexus, asociación que se dedica a la atención, formación e investigación psicosociales, apunta: “la mayoría de las violencias que hacen los hombres, las hacen para poder controlar: no hacen daño para hacer daño, sino para que sepas que la próxima vez pueden volver a hacerlo”.
Cuando después de la última agresión Edid decidió acudir a comisaría, la derivaron al SARA. “Como allí hay mucha lista de espera”, dice, “desde la Oficina de Atención a la Víctima de Delito del juzgado me dirigieron a Exil -una ONG que brinda atención terapéutica, médica y psicosocial. Allí me atienden una vez por semana y si no fuera por Exil no estaría como estoy ahora de recuperada, entendiendo y aceptando las cosas”.
"NO ME DI CUENTA HASTA QUE PUNTO HABÍA PADECIDO VIOLENCIA , HASTA QUE ESCUCHÉ A OTRAS MUJERES QUE TAMBIÉN LAS HABIAN VIVIDO"
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