La violencia, en sus diversas manifestaciones, violencia social y violencia interpersonal, pública y privada, visible e invisible, constituye una violación a los derechos humanos y un problema de salud pública que ha atraído una creciente atención en los últimos años. Las múltiples evidencias de las profundas consecuencias de la violencia, tanto a nivel individual, familiar y social- han contribuido a incrementar el interés por el tema y los esfuerzos de análisis y prevención de la misma en los últimos años. La violencia social es un problema fácilmente visible, llamativo y escandaloso en América Latina, que se asocia a situaciones sociales, económicas y políticas de nuestros países. Tiene un fuerte impacto en la mortalidad especialmente de hombres jóvenes y constituye una preocupación permanente de la ciudadanía y de los gobiernos. Sin embargo, parece que en lugar de encontrar soluciones a la misma, nos vemos envueltos en escenarios cada vez más complejos y de difícil solución al respecto. La violencia interpersonal abarca la violencia entre diversos miembros de la familia (padres-hijos, hijos-padres, entre hermanos, etc.) así como la violencia de pareja. En el caso de violencia de pareja se incluye la violencia en el noviazgo así como la violencia entre cónyuges que cohabitan, y destaca en este último caso, tanto por su mayor prevalencia, como por sus más amplias consecuencias emocionales y físicas, la violencia hacia la mujer, reconocida como violencia de género. La violencia de género es posible debido a las desigualdades de poder que culturalmente se establecen entre hombres y mujeres; es ampliamente reconocido que la violencia hacia las mujeres es fundamentalmente el resultado de inequidades de género, más que el producto de cualquier otro factor individual y social. Por lo tanto, tiene sentido esperar que la violencia hacia las mujeres tenga mayor prevalencia en aquellas sociedades en las que los roles de género están estrictamente definidos y particularmente, entre aquellas parejas donde exclusivamente el hombre controla el ingreso y los procesos de toma de decisiones en el hogar. Nos interesa en esta sesión evidenciar las características de las conexiones entre cambios sociales y los diversos tipos de violencia, y las tareas y los desafíos que estas conexiones imponen, intentando dar respuesta a preguntas tales como en qué medida la cultura local representa un obstáculo –o un catalizador- para la erradicación de la violencia, y hasta qué punto podemos identificar signos de cambios en la cultura patriarcal prevalente. En tal sentido es de particular interés para esta sesión dar cabida a investigaciones que destaquen el papel de los elementos culturales y de los cambios culturales como marco explicativo de la existencia de violencia, particularmente evidentes en el caso de la violencia de género, y como vía privilegiada para la modificación de esta problemática social. Reconocemos que en los estudios de población muchas veces carecemos de la atención necesaria a estos elementos socio-culturales y/o de información o indicadores al respecto, por lo que no es nuestra intención limitar la participación en esta sesión a aquellos trabajos que puedan incorporarla, pero si deseamos estimularla, enfatizando el interés especial que tenemos en el abordaje del vínculo entre cambio social y violencia de género. Esta sesión da cabida, por tanto, y de manera amplia, a trabajos que planteen el abordaje de cualquiera de los siguientes aspectos: el análisis de las distintas expresiones de la violencia, en ámbitos públicos y privados; la identificación de los determinantes de cada una de sus expresiones concretas; la investigación de las múltiples consecuencias de la violencia, tales como la salud emocional y la salud sexual y reproductiva de las víctimas de violencia, así como las alteraciones en la dinámica conyugal y familiar; y, finalmente, la identificación y propuesta de medios para la reducción y eventualmente eliminación de la violencia.
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