Es una tarde de martes y como llevan haciendo desde 2009 las mujeres de la asociación de supervivientes de la violencia de género No estás sola se reúnen en la sala diáfana que les cede el ayuntamiento de Sant Cugat -una ciudad acomodada del norte de Barcelona- en el gran edificio de piedra que ocupa su Casa de Cultura. Laura es trabajadora social, licenciada en historia, amante del deporte y madre de dos hijos adolescentes. No quiere especificar su edad y pide salir con un nombre ficticio porque aún tiene miedo a su ex pareja: “sé lo violento que puede ser; lo he sufrido”. La ex pareja de Laura, de profesión arquitecto, acaba de ser condenado, en primera instancia, a cuatro años y cuatro meses de prisión por cinco delitos de malos tratos y uno de maltrato habitual. Su antiguo compañero sentimental ha recurrido la sentencia y se espera la decisión de la segunda instancia. Mientras, Laura tiene una orden de alejamiento que impide que su ex se le acerque a menos de 500 metros, pero él vive a solo cinco minutos caminando del domicilio de ella. Laura aún vive con los hijos de ambos -que ven a su padre semanalmente- en el mismo apartamento que la pareja compartió durante 19 años en un barrio de Barcelona. El hecho de tener una orden de alejamiento fue lo primero que les contó Laura al resto de mujeres de No estás sola cuando un Sant Jordi de hace tres años se topó con la caseta de la asociación para ese día especial. Intrigada por el nombre, se acercó. “Nosotras le preguntamos si tenía apoyo, y le dimos nuestro contacto”, recuerda su presidenta, Maribel Guillamón. Al poco tiempo Laura, que siempre se ha sentido apoyada por su familia, empezó a hacer terapia y acabó entrando a formar parte de la entidad.
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