lunes, 15 de febrero de 2021

Testimonio #5

 Bertha Valenzuela, de 40 años, de Porvenir, Ecuador, limpiadora del metro, ve la magia en todo: en las hojas de las plantas -de las que conoce orígenes y usos- en las piedras, incluso en las plumas de las palomas, que considera un signo de la protección de los ángeles. Las pequeñas cosas le alegran el día. En el pasado, explica, ella también tenía mucha rabia. Sobre todo por haber nacido pobre en una familia campesina de 11 hijos y huérfana de padre, donde la única que trabajaba era su madre. Ni zapatos propios tenía, todo lo heredaba de Herlinda, su hermana mayor.

"DONDE NO HAY AMOR Y NO HAY RESPETO, LO ÚNICO QUE TIENES QUE HACER ES ALEJARTE".

Herlinda fue la única de la familia que entendió y apoyó las rupturas de Bertha para liberarse de las violencias que sufría: la del padre de una hija de 17 años y un hiijo de 19. La hermana también estuvo con ella cuando Bertha decidió separarse. En cambio, el resto de la familia, incluida su madre, la culpabilizaban a ella: “decían que algo debía de haber hecho yo para que él me pegara”.

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