Luz, de 41 años, tampoco se sintió apoyada por la familia. Subdirectora de una tienda de óptica, madre de una niña de nueve años y de un niño de casi ocho, además de soportar años de violencias por parte de su ex, que era drogadicto, Luz tuvo que soportar que justificaran socialmente los abusos porque ella también consumía drogas. “Mi familia me hizo sentir que, por consumir, me merecía que él me pegara”, explica con la voz rota sentada en el salón de la que fue casa de su abuela materna.
Los expertos consultados subrayan que no hay una relación causa-efecto entre el consumo de tóxicos (o los trastornos mentales) y el ejercicio de la violencia: “Todavía hay una idea patológica de la violencia, de que no forma parte del sistema y por lo tanto serían una serie de personas individualmente las que tienen un problema: es la que llamamos la ‘teoría del monstruo’”, apunta Ginés, quien también es investigador en el grupo sobre drogas y violencias de género del Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya.
Pero la teoría del monstruo se desmiente fácilmente. “En realidad ese hombre ejerce violencia únicamente sobre su pareja, no sobre los compañeros de trabajo ni los amigos,es lo que definimos como especificidad de la violencia”, apunta el psicólogo Oriol Ginés.
En la casa de la abuela se crió Luz y allí ha decidido empezar su nueva vida desde que, este verano, ya recuperada de la adicción, se le devolviera la tutela de sus hijos tras tres años separada de ellos. Luz no quiere salir con su verdadero nombre porque todavía necesita explicar a sus hijos por qué su padre estuvo en la cárcel, y tampoco quiere que en su nuevo trabajo sepan de la adicción que tenía. “Yo no le denuncié aunque me daba cuenta de que me estaba maltratando. Yo lo quería y quería seguir con él, pero me iba a matar”, confiesa Luz.
Después de la denuncia fue muy duro, recuerda Luz: “Tardas dos años hasta que hay sentencia y, mientras, esa persona está en la calle, y lo único que tienes es un teléfono. Yo en esos dos años tuve dos intentos de homicidio”. Y remacha: “cuando denuncias es cuando empieza el calvario, por eso es vital que una mujer no esté sola en esos momentos”.
El ex de Luz tuvo tres sentencias. Una, de dos años de prisión por maltrato habitual, de los que solo cumplió seis meses por buena conducta. Las otras ya son firmes, pero aún las tiene que cumplir: una de 18 meses por dos quebrantamientos de la orden de alejamiento y otra de 10 meses por lesiones. “Ha pasado casi un año desde ambos juicios y él todavía está fuera. Y yo, mientras, con la Atenpro”, dice Luz con cansancio.
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